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Full text of "Desorden"

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SIGNOS DE LIRA 


Coz de cobre 

Eduardo Curbelo 

Ama/zonas 

Paulo Roddel 

Canto ajeno 

Carlos Almeida 

Anatomía de lo aparente 

Andrés Echevarría 

No siempre el café está caliente 

Rafael Pineda 

Ese agudo deseo 

Luis Marcelo Pérez 

Todo deseo de jardín decide 

Daniel Cristaldo 

Lunas de fuego 

Delma Perdomo 

El ceño del sueño 

Paulo Roddel 

Eclipse solar 

Mauricio Ochoa Urioste 

Memorias e invenciones 

Ricardo Pallares y 

Raquel Barboza (Ilustraciones) 

Ciudades 

Leonardo Garet 

Sesquicentenario 

Hebert Benítez Pezzolano 

Desorden 

Mariana Pérez Balocchi 



un lenguaje misterioso que clava en los ojos 
la certidumbre de una verdad oculta, difícil de 
desentrañar y que de a ratos se asoma, violenta” 

Anahí Barboza Borges 

“Si apelamos a la acción, más que al clima, ese 
hilo sutil se desenvuelve en un espacio interior, 
íntimo, que reivindica su posición y no teme 
decirse femenino si por ello entendemos los 
cabos de una sensibilidad infinita que recorre, 
pan/eró ticamente, el tejido de las sensaciones.” 

Claudia Pérez 


“La potente voz poética inicia un desdobla¬ 
miento bidireccional; se envuelve hacia aden¬ 
tro para proyectarse. Poesía que se mueve des¬ 
de lo hondo y que remueve el afuera, porque 
responde al dinamismo propio del reencuen¬ 
tro con el interior.” 


ISBN: 978-9974-93-064-3 



María de los Ángeles Romero 



IISIIIll MARIANA PÉREZ BALOCCHI 


MARIANA PÉREZ BALOCCHI 




Antítesis 



MARIANA PÉREZ BALOCCHI 


(Montevideo, Uruguay) 

Escritora. Editora, dirige Antítesis 
Editorial. Estudió Literatura en el 
Instituto de Profesores Artigas. 
Ejerció la docencia en Enseñanza 
Secundaria. Coordinadora de Talle¬ 
res Literarios. Diseñadora Gráfica. 
Ha publicado varios artículos 
académicos en revistas arbitra¬ 
das. Ha participado con sus textos 
poéticos en diversas lecturas 
públicas, así como también en el 
festival urbano de poesía Zona 
Poema. El presente volumen fue 
premiado con la Mención Especial 
en el Concurso Iberoamericano de 
Poesía Marosa di Giorgio 2017. 




















































Pérez Balocchi, Mariana 
Desorden 

1- edición 300 ejemplares 
Junio 2018 


SIGNOS DE LIRA/14 

Colección dirigida por Mariana Pérez Balocchi 
y Hebert Benítez Pezzolano 


© 2018, Mariana Pérez Balocchi 
Montevideo, Uruguay 
antitesiseditorial@gmail.com 


Diseño y diagramación: © Mariana Pérez Balocchi 
Tipografía: Fénix © Fernando Díaz 


ISBN: 978-9974-93-064-3 


Impreso en Mastergraf 
Depósito Legal: 373.983 


MARIANA PEREZ BALOCCHI 





Antíjesis 


















Este es el juego de los sueños espantados, 
donde todo lo anterior es una luna menguante 
que se ensancha como un corcho 





Todo está cercado en un punto, haz descosido 
en la ligadura de la tarde. La casa, guardada en 
un cajón, no oye el crujir de la huella. La suerte 
torpe de sujetar lo mirado muerde la sombra 
imposible del palimpsesto. Aunque la hierba 
esconda su última derrota, entre esos hilos del 
estorbo asoma esta breve historia de vendas 
sin llagas. Aire mutilado en horas. Gota que va 
aplanando el plano previo del olvido sabiendo 
lo que hay que saber: que la secuencia pasa fi¬ 
jamente. 


7 


La luz abandona el instante de las formas ro¬ 
zando la curvatura de la agonía. La luna es un 
anzuelo con forma de pez. La noche se cierra 
sobre sí misma como una esperanza. La ver¬ 
dad es una larva pulsando el vuelo de la mosca, 
amarilla, como el halo que bordea la venérea 
resaca de las cosas. 


8 


El problema no es el insomnio. Todas las ase¬ 
veraciones son perfectas, como la gente que no 
llora. El problema es una esquina desvestida, 
atravesada por la luz, otra luz oculta, descu¬ 
bierta, como se descubre una ingle. Una mujer 
penetrada por su sombra. 

Las cortinas tienen polvo, pero los sueños se 
sacuden como una tela, por el lado del revés, al 
siguiente día. 


9 


La quietud desaparece como un puñado de sol, 
pasa por debajo, 

como el ruido de la maquinaria del mar, 
irremediablemente escapa, 
sabiendo que, de algún modo todo puede 
caer hacia adentro. 

Adentro todo corre diferente. 

El desorden simétrico del encuentro 
se prolonga en una visión arrancada, 
huérfana de muerte en los oídos 
y ciega de arena. 


10 


El rumor de los contornos respira en la 

[anomia, 

en la fuerza repetida del agua desalojando el 

[espacio, 

en el carozo partido por las lenguas del 

[sagrario, 

en una orquesta caníbal ejecutando el cuerpo 

[de lo incompleto, 

en la continuidad hambrienta de la forma 

[exacta, 

consumiéndose, en un desamparo inmenso. 


11 


Un olvido inconcluso se cierne en la ausencia, 

muriendo en lo que permanece, 

en el aroma de las calabazas explotando por 

[dentro, 

resistiendo sin sentir la pérdida 
porque no ha hecho lo suficiente, 
porque la mariposa es el gusano revelando 

[la urdimbre 

de la muerte embarrada en la piel de las ranas, 
sobre una rama silente que no se mueve. 


12 


Lo relativo crece como un sol entre los pliegues 
de los brazos cruzados, enredando de pregun¬ 
tas la cercanía, espejando la apariencia consu¬ 
mada en un punto ciego —abreojos con ansias 
de bocas—. No se puede soltar lo que no ha 
sido, no se puede sujetar una luz. Las luciérna¬ 
gas no regresarán al frasco. Es como pretender 
percibir un estado permanente en la abstrac¬ 
ción de una flor o alisar lo crispado del crisan¬ 
temo, a contratiempo. 


13 


El mundo es un ejemplo, un ritual, como lus¬ 
trarse los zapatos para ir a morir. Todo el mar 
no entra en un grano de arena. El amor no ocu¬ 
pa el lugar de los abrazos, ignora que transfor¬ 
ma la permanencia, aún siendo lo mismo. Lo 
mismo puede generar su espacio y el espacio 
puede generar su forma (también puede con¬ 
tradecirse y crecer como una planta en una pe¬ 
cera). Puede enredarse en la paciencia de cada 
mañana, desvestirse, y volver, sin parecer lo 
mismo. 


14 


La intimidad se reproduce en las quebraduras 
como un esbozo al descubierto, 
como un espacio semántico menguado, 
mínimo. 

Después viene el recuerdo inventado a 

[comenzar de nuevo, 
en el punto donde no se dice nada, 
en el espacio que no fue palabra, 
perdiéndose, 
doliendo la esperanza, 
para empezar, otra vez, después del sentido, 
como la lluvia va envejeciendo las cosas 

[estancadas. 


15 


Como el agua de los claveles secándose 
en el vuelo del pájaro perdido, 
así te dejé dejarme, 
ceremonia oculta de despedidas, 
y me dejé caer, 

sabiendo que huíamos hasta encontrarnos 
en el verde que se escurre de las hojas 
fermentando secretos desvelados en la 

[almohada. 

Ablación de mí. 

Nube ahorcada de la rama, 
vapor de té. 


16 


A veces siento el arco de las costillas de la no¬ 
che hundirse en mí, oprimiéndome en un abra¬ 
zo parecido al amor, un acto reflejo o un beso 
doloroso. Eso me quita el sueño. Las personas 
que alguna vez durmieron a mi lado saben que 
yo no duermo. Por eso duermo sola, en algún 
lugar que no es mi cama, en alguna parte donde 
se amontonan todas las fracturas. Las noches 
no se pueden callar, tienen la forma más ruido¬ 
sa del silencio. A veces siento mis huesos que¬ 
brarse, y vuelve la luz fractal de la noche, más 
blanca que el dolor. 


17 


Estoy en un lugar que no me pertenece, un sitio 
vacío que crece y me vuelve minúscula. Quiero 
volver a enamorarme de las cosas simples, pero 
los días comienzan y terminan de la misma ma¬ 
nera. Hay algo que desaloja toda lógica sin reco¬ 
nocerme. La primavera fría se instaló para que¬ 
darse. Ve pasar todos los desencuentros. Cada 
uno, en su momento, parsimonioso, como si 
fuera otra cosa, pero desencuentro al fin, como 
un mar tibio bajo una llovizna que no cede. 


18 


Pasa un día y el siguiente, un año trabado sobre 
el otro; lo demás es una conversación giratoria. 
El presente sometido a una sola palabra. Queda 
un querer vencido y, a pesar de todo, dan ganas 
de volver a imaginar cuando empieza a hacerse 
carne el movimiento. La ondulación revuelve 
la hojarasca contra el muro. La casa es lo último 
que se pierde. Algo resiste en ese lugar común 
donde se acomodan los cuerpos. Algo queda de 
mí, ahí, lamiendo el egoísmo de la muerte. 


19 


Todo lo que pudo haber existido no fue, se fue 
con las palabras. Nada puede delimitar mejor 
que el silencio y, sin embargo, las cosas van 
cambiando a su modo. Nadie puede decidir, ni 
decir nada. Las cosas no son para mí; eso me 
hace un poco más feliz. El amor no es para mí, 
ni para sí, no es para siempre, no tengo tiempo. 
Nada que empezar. Transcurrir en algo distinto 
a su naturaleza exacta. No se puede sentir más 
que eso. Soy la segunda o tercera versión —re¬ 
ducida— de todo lo que alguna vez fui; y eso 
me hace un poco menos feliz. Solo queda la 
duda orbitando en las certezas de todo lo que 
pudo haber existido y no fue. 


20 


Hasta en el horizonte más plano —donde nada 
coincide con nada— es imposible alejar el si¬ 
lencio; ese resto de lo imaginado. Pero el es¬ 
pacio se llena y se vacía de significaciones. La 
complacencia de hallarlas cada vez, como si 
fuera el último amor, es un alivio miserable, un 
placebo, como un pedazo de pared erguido en 
una demolición, grueso de capas de pintura. 


21 


Me quedé conmigo para siempre; para enmen¬ 
dar el bien pisado, pasado juego de distancias. 
Lo nombrado es una magnitud de apariencia 
equivocada, siempre. 

Yo te espero siempre en esta trama singular que 
ignora, si está en una palabra o en una mirada, 
la verdad de cuánto misterio hay en una nube. 
Mientras te imagino las calles son más grises. 
Nada cambió, pero todo luce diferente. 
Imagíname, para rememorarte en la debilidad 
que te nombra, para quedarte contigo para 
siempre, en lo que dure, como dura una bur¬ 
buja en la arena. 


22 


La revelación es un engaño pasajero, como la 
copa de un árbol. Entre los nudos la clausura 
comulga con lo transitorio; en la oquedad se 
agruman sus figuraciones. El árbol sombrea 
contornos diferentes, aun siendo testigo de que 
el abandono es provisorio. Pero la medida es la 
mentira que casi nos salva. La aspiración es un 
tallo degollado en un brote, perpendicular, una 
intención partida en el punto inicial. 

Es bien sabido que no es sabio reprocharle al 
destino, entre nudos. 


23 




No es lo inusual sino lo inalcanzable 





todo es un punto de partida falso, porque la 
costumbre es una rememoración estridente y 
la voluntad no es más fuerte que el azar; cuan¬ 
do una piedra es lanzada al aire no se debe in¬ 
tentar detener su trayecto; quiero compaginar 
los sueños repetidos: ¿es ahí donde están todas 
mis muertes?, pero no están los muertos cuan¬ 
do despierto, así como no está la pretensión del 
milagro en este durante que está siendo, no im¬ 
porta dónde, con la consistencia de una sombra 
temblando sobre el agua 


27 




Las cosas se entienden por sus efectos, 


nada más 






Cuando era niña tenía una gata a la que ama¬ 
ba. Tanto, que guardaba en un frasco nues¬ 
tros momentos felices. Flores, hojas, hilos de 
colores, pequeños trozos de papel, piedritas. 
Todo aquello con lo que jugábamos, por mi¬ 
núsculo que fuera. Luego se perdieron, como 
se pierden las cosas en un mundo ordenado. 
A juntar, a juntar, cada cosa en su lugar... Cantᬠ
bamos en la escuela mientras guardábamos los 
juguetes en un baúl. Pero a mí me complacía 
enroscarle la tapa a los recuerdos, en silencio. 
Lo otro era una caja de resonancia. 


31 


La tarde tiñe el aire empecinado 
que dejó el labio balbuceando, partido 
al encuentro de todas las partidas, todas 
las escamas nacaradas, reunidas, rutilantes, 

[todos 

los dedos descubiertos en racimos habitados, 
como recintos mordidos en las uvas, 

[recovecos, 

pero en otro color, adentro del color, 
despellejando el intento. 


32 


Los inicios no esperan, 

no tienen la paciencia de la mentira. 

El presente es el problema. 

El otoño que anuncia esa otra palabra, 
la amenaza oblicua y su ausencia. 
Siempre atrás del tiempo, 
olvidando que no es el momento. 

Las manos separadas después, 
después un ritual sin memoria 
prolongando el lugar de permanencia. 
Un decir que no puede decir otra cosa 
porque está encerrado en la semilla. 
Un golpe de piedra líquida la carne, 
casi una sentencia que, 
de espaldas a los ojos, 
delata la intermitencia del descuido, 
en otro lado. 


33 


Puedo enamorarme de una presunción, habitar 
las trampas de su armonía. A veces extraño las 
cosas que no tendré. Pero las presencias se pre¬ 
sumen, como se presume un color. Alcanza con 
hacer coincidir todas las formas vacías. 


34 


La distancia es un piélago devorando la orilla 

[dividida. 

La piel ansiosa de los tramos no conoce de la 

[espera 

la irreversible imagen sesgada de quien mira 

[recortando 

la silueta de la historia en el beso que atraviesa 

[la mejilla, 

ni el musgo de la metáfora respirando por los 

[poros 

—pretexto laxo que pronuncia su nervadura 

[inquieta— . 


35 


Otra vez vuelve la casualidad que te 

[pronuncia. 

Las mariposas desplegadas no saben volver. 

El temblor prematuro se esconde bajo el signo 

[agrietado de la duda. 

Resquebrajado el recubrimiento no se duele, 
se envaina en una promesa con forma de 

[angustia 

—pero el movimiento migratorio de la fuga no 
[evita las anticipaciones—. 
Solo la piedra cortando en redondo horada el 

[filo de su disonancia 
y puede pensarse a sí misma como una 

[sospecha: 

ronda de siega sin ruido, trayecto de hormigas, 

[arena, 

—tal vez la duración no escapa a sus 

[correspondencias—. 


36 


El gesto cede al arrepentimiento del instante. 
Mece la coraza el desencuentro caprichoso. 
Inflamada de vacío no se hunde, como cáscara 
prospera. De aire, no de carne, el corazón de la 
nuez espera ser, el resto de las palabras inven¬ 
tadas por los dedos, en los espacios intocados 
del doblez asombrado del espejo. Porque la si¬ 
lueta no es la imagen que resuena del naufra¬ 
gio, sino la corriente sorda, huella en la corteza 
de la vértebra. 


37 


No pretendo quedarme contigo, aquí cami¬ 
namos solos. El amor es un ejercicio que se 
aprende. Por el lado del revés la piel no siente, 
cubre la verdad y su método, guardando la sor¬ 
presa para encontrarla después, como una luna 
preñada de dolor. 


38 


La casa está marcada, cortada a la mitad. 

El barrunto mueve las cortinas. 

Los caracoles arrastran sueños engarzados 
como una canción sonámbula. 

Temo salir de ti. 

La casa es una definición vacía, 
una causa dormida, vaciada. 

Adentro el hielo se desflora, 
afuera cae el aserrín de las despedidas. 

Y yo, remiendo las alas mitigadas de tu reposo, 
mientras espero. 


39 


Detener las voces de los ojos con mis manos 

[en silencio, 

el recorrido de la sombra de lo que nunca 

[estuvo, 

pero que permanece, 

descolorido, ahuecado en el movimiento tibio 
de los brazos que se alargan, 
de los nudos en el cuello apretando 
la memoria que galopa en la retina, 
goteras de los párpados. 

Como si me alcanzara con respirar la 

[coincidencia. 


40 


Tal vez la vida tenga la forma de una cinta de 
Moebius: una misma cara delimitada por un 
borde. El borde ordena el movimiento de los 
deseos. Solo basta con desear fuertemente algo 
para que suceda lo contrario. Por eso, cuando 
levante la cabeza veré en el cielo de la noche, 
incrustadas como puñaladas, todas las estrellas 
fugaces que alguna vez atrapé, desangrarse en 
la fijeza. 


41 


El agua entra repujando todos los rincones, 
pasa, se lleva todas las plegarias, arrastra las 

[ofrendas, 

se viste, rígida, para empezar de nuevo, nube 
encima del árbol caído, otro árbol de sí mismo 
que esconde la lluvia disipada, el techo, 
las espinas crucificadas en jarrones, jirones 
con el corazón en otro lado, mirando desde allá 
el encierro, la caja rota, 
desarmada en escarcha. 


42 


Morir a cada rato para volver al sitio donde 

[nunca se llega, 

porque el intento se fuga como el alma, 
porque no hay nada que pese más que el 

[cuerpo, 

porque el hielo se desliza sobre el agua, 
porque todo es un lapso irreversible y quieto. 
Un instante donde la pérdida desviste la piel 

[de los duraznos 

caídos en su intemperie. 


43 


Dejarse en lo que no puede dejar de ser siendo 

[lo que pasa, 

en ese ir y venir del viento, como un peligro 

[vareando la garganta. 
Dejarse, como quien no llega nunca 
donde la memoria extirpa la distancia de su 

[marca. 

Dejarse, como el sol migrando la mirada. 

Dejar pasar lo que no pasa nunca. 

Casi al final de todo no va quedando nada. 


44 






Desorden exhibe 


un lenguaje misterioso que clava en los ojos 
la certidumbre de una verdad oculta, difícil de 
desentrañar y que de a ratos se asoma, violenta 

el dolor negro de un lenguaje que quiere decir, 
y dice, lo que no se quiere escuchar 

un vacío demasiado lleno 

una casa que asfixia 

la noche como el lugar del despliegue 

un lenguaje que comienza cerrado, amena¬ 
zante, con el puño en alto y después se abre, 
delicadísimo, para hacernos caer en su red (un 
poco traicionera) 


Mag. Anahí Barboza Borges 


49 


Un desorden en el sistema que crea un nue¬ 
vo orden, como decía Eco, el orden poético. Su¬ 
cede en el tiempo: “Siempre atrás del tiempo,/ 
olvidando que no es el momento”, y hay un Des¬ 
pués, un breve Durante y Antes. Pero el tiempo 
pasa oximorónicamente, “pasa fijamente”. La 
isotopía está en la comparación, método incan¬ 
sable, con que el yo poético se sumerge en re¬ 
definiciones sobre el mundo y sus percepcio¬ 
nes internas: “No pretendo quedarme contigo, 
aquí caminamos solos. El amor es un ejercicio 
que se aprende. Por el lado del revés la piel no 
siente, cubre la verdad y su método, guardan¬ 
do la sorpresa para encontrarla después, como 
una luna preñada de dolor”. Economía, máxima 
cantidad de información connotativa en breves 
líneas, un deseo de lo lacónico en tiempos de la 
saturación. Se respira la pausa con este libro, se 
vive el silencio. “Quiero volver a enamorarme 
de las cosas simples, pero los días comienzan 
y terminan de la misma manera”. No se pue¬ 
de explicar la poesía, se puede hablar desde 
su creación objetual, desde el erizamiento que 
provoca este canto de duelo de la primera par¬ 
te. Soledad y destino. Lo inalcanzable une el 
Durante al Antes. Poesía que busca definir des¬ 


so 


de un lugar otro, pero lo busca, paradoja: “La 
casa es una definición vacía”. Si apelamos a la 
acción, más que al clima, ese hilo sutil se des¬ 
envuelve en un espacio interior, íntimo, que 
reivindica su posición y no teme decirse feme¬ 
nino si por ello entendemos los cabos de una 
sensibilidad infinita que recorre, pan/erótica¬ 
mente, el tejido de las sensaciones. “Dejarse” 
anafóricamente, “en ese ir y venir del viento”. 
Una de las líneas de pensamiento más contem¬ 
poráneas, “una visión cotidiana del vacío, en el 
que tiene lugar una recíproca compenetración 
de las cosas”, como señala Byung-Chul-Han. 
Celebremos ese desorden, que pugna con la 
definición y la comparación, para aumentar 
más su potencia. 


Dra. Claudia Pérez 


51 


Genuina poiesis, despaciosa y meditada que 
hermana recuerdos, esencias y proyecciones: 
alma que se desnuda en cada poema en prosa, 
desgarrada y rota a la vez que constituida. 

La presencia del devenir y la continuidad de 
la existencia articulan la secuencia temporal 
que lo estructura y se reproducen en la proce¬ 
sión encadenada de poesías como delicadas go¬ 
tas, pequeñas, tímidas pero gigantes y potentes 
en su acontecer global que, inevitablemente, 
remiten al dinamismo del espiral. Cada imagen 
integra lo dinámico y lo estático. La quietud 
agobiante encierra la paradoja del exasperado 
movimiento que no desemboca en ningún lu¬ 
gar, para volver, incansablemente, a recomen¬ 
zar en el ascenso/descenso del espiral. 

"Morir a cada rato para volver al sitio donde 

[nunca se llega" 

La potente voz poética inicia un desdobla¬ 
miento bidireccional; se envuelve hacia aden¬ 
tro para proyectarse. Poesía que se mueve des¬ 
de lo hondo y que remueve el afuera, porque 
responde al dinamismo propio del reencuen¬ 
tro con el interior. El Después y el Antes evi¬ 
dencian en su dimensión la fugacidad del pre¬ 
sente, frente a la brevedad del Durante. 


52 


La casa partida, el vacío de la existencia que 
se colma repentinamente para volver a dejar un 
agrio sabor de ausencias, los amores encerra¬ 
dos en el recuerdo que se guarda en un frasco, 
en el corazón rasgado, en la casa quebrada, en 
la espera penelopeana concluyendo que ni el 
amor redime al alma solitaria, porque en reali¬ 
dad el camino es individual. Todo guardado en 
el cajón de los recuerdos 

"A juntar, a juntaf 

en el orden del hogar quebrado, en el inte¬ 
rior que invita finalmente a dejarse y 

"Dejar pasar lo que no pasa nunca. 

Casi al final de todo no va quedando nada." 

Una espera angustiosa que se siente aún en 
la parte de la piel que no siente y que se mate¬ 
rializa en objetos siempre pequeños pero ínti¬ 
mos: la gata y los objetos plenos de significado 
afectivo. La angustia de lo que se ahoga en la 
garganta anudada, en el estatismo del ser que 
palpita y late, calladamente. 

Mag. María de los Ángeles Romero 


53 





Todo está cercado en un punto... / 7 

La luz abandona el instante de las formas... / 8 

El problema no es el insomnio... / 9 

La quietud desaparece... / 10 

El rumor de los contornos... /II 

Un olvido inconcluso... / 12 

Lo relativo crece como un sol... / 13 

El mundo es un ejemplo... / 14 

La intimidad se reproduce... / 15 

Como el agua de los claveles secándose... / 16 

A veces siento el arco de las costillas... /17 

Estoy en un lugar que no me pertenece... / 18 

Pasa un día y el siguiente... / 19 

Todo lo que pudo haber existido no fue... / 20 

Plasta en el horizonte más plano... / 21 

Me quedé conmigo para siempre... / 22 

La revelación es un engaño pasajero... / 23 

taü 


todo es un punto de partida falso... / 27 


Cuando era niña tenía una gata... / 31 

La tarde tiñe el aire empecinado... / 32 

Los inicios no esperan... / 33 

Puedo enamorarme de una presunción... / 34 

La distancia es un piélago... / 35 

Otra vez vuelve la casualidad... / 36 

El gesto cede al arrepentimiento... / 37 

No pretendo quedarme contigo... / 38 

La casa está marcada, cortada a la mitad... / 39 

Detener las voces de los ojos... / 40 

Tal vez la vida tenga la forma... / 41 

El agua entra repujando... / 42 

Morir a cada rato para volver al sitio... / 43 

Dejarse en lo que no puede dejar de ser... / 44 


mlradi! i dtiiti 

Anahí Barboza Borges / 49 

Claudia Pérez / 50 

María de los Ángeles Romero / 52